Apología sucia de La Habana
Caminaba entre Campanario y Manrique por el Malecón fumando popular, la asquerosa humedad se impregnaba en mi cuerpo, pasaban por mi lado dos vendedores de maní así que crucé hacía el mar para evitar que interrumpieran mi silencio y mi humo. Me senté como quien no quiere la cosa y uno de ellos me grita: ¡Chile! ¡Chile!, yo me hago el g ü evón... pero él insiste: ¡Chile!¡México!, me siento en la barricada con los pies hacía el océano. Mi esposa, que camina a mi lado me sigue la corriente, pero el negro no se rinde, cruza hacía nosotros y nos dice: tranquilos que acá no es como en su país, no les va a pasar nada. Y yo le digo, no sé como será en Chile o en México, pero en Colombia si nos asustamos con estas cosas porque regularmente nos joden. Él ríe y nos dice: ¡FARC!, guardamos silencio. Pero continua diciendo: ¿Ya tu sabe lo que te vengo a ofrecé? El máj rico y tradicional bizcochito, dame lo que puedas pero llévate un cucuruchito de maní. Yo llevo mi mochila cruzada, busco una botel...