El arte de cantar y bailar
Los sonidos de los tambores y el
shamisen se esparcen por el teatro kabukiza creando una atmósfera dramática
única. El maquillaje y el vestuario del actor se convierten en el complemento
perfecto del baile más fantástico, estilizado y lleno de magia que se puede
presenciar en todo el mundo. Refleja con total armonía una época dorada del
Japón medieval. Tiempos que anhelamos todos, libres del entorno maligno y
depravado de la guerra; donde las artes y las clases obreras trabajan al unísono
conjugando situaciones del diario vivir para dar como resultado espacios dedicados al
ocio, el esparcimiento y al juego.
Después de las guerras internas que
sufrió Japón por siglos, un personaje usurpador llegó para quedarse e instaurar
el orden, cerrar al Japón de la influencia extranjera, dejar sin trabajo a los
samuráis y por fin… darle la oportunidad al pueblo de crear una identidad que con
seguridad perdurará hasta el final de este sistema actual. Les hablo del mítico
periodo Edo. Tener la capacidad de los nipones de reunir los elementos
necesarios para generar estos espacios es algo de admirar y como no, desear que
pase en un futuro próximo en nuestra amada Colombia. El teatro Kabuki, junto
con el Bunraku (El arte del marionetista) y el Noh (Otro modelo dramático del
típico teatro japonés) han sido los ejes culturales que han unido este país y
nos han dado la oportunidad de conocer ese Japón lleno de magia, geishas,
samuráis, ninjas y luchadores de sumo.
Este arte de cantar y bailar se manifestó como una diversión de calle; bailes sensuales que terminaron en la mayoría de los casos convirtiéndose en la manera más asequible de conseguir los servicios de una prostituta, de eso ya hace 400 años. Aunque tuvo control por el shogunato, no fue posible erradicar estos dobles trabajos hasta que los hombres ya adultos y de edad medianamente avanzada empezaron a reemplazar a los hombres jóvenes y a las mujeres. Fue en este momento que el Kabuki dio un giro fundamental que lo ha hecho llegar a nuestros días casi intacto. Bailes elegantes, con una calidad artística dada como un don a estos hombres que son los ideales para fusionarse en espíritu con los sentimientos de las mujeres y representarlas de una forma exquisita.
El teatro Kabuki que ya es
patrimonio de la humanidad es la manera que recomiendo para enamorarse de esta
cultura, conocer cómo lo efímero puede quedarse para siempre impregnado en el
aire con esa aura que lo va arropando con el canto y el baile. Déjese llevar y
disfrute de una experiencia dramática única y solo comparable con las clásicas
griegas, empápese de las maravillas artísticas del Japón y no pare de
agradecerle al tiempo que las genialidades de este teatro las podemos disfrutar
todavía.
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